MundoAmerica de Latinpress

Maduro a la fuerza

In Uncategorized on 24 de enero de 2018 at 22:58

El encuentro, la emboscada y, en todo caso, el fuego cruzado al estilo ruso de Putin, entre las fuerzas militares venezolanas y el grupo terrorista de Oscar Pérez, finalizó con la muerte de dos policías, la de Pérez y, sumó otra acción de fuerza al Gobierno de Nicolás Maduro.

En Venezuela los recuerdos de muchas generaciones corren  por los caminos de la adaptación al medio donde se vive y al momento que se vive; esas dos referencias son constantes que han  permitido a los venezolanos “ir llevando” una descomposición social que dura decenas de años.

Reflexionar sobre el gran país del sur con los valores europeos o norteamericanos resulta poco útil, no son comparativos y plantea de inicio un ventajismo para los segundos.

Sin embargo, no se trata de renunciar a los principios adquiridos desde la niñez en el mundo desarrollado; de lo que hablamos es  de comprender que a todos los díscolos, por su comportamiento, se les castiga desde todos los lados.

A Pérez el presidente Maduro le advirtió que tendría una oportuna respuesta, nunca habló de  quitarle la vida. Ahora, una vez más, muchos entendemos que el régimen de Maduro esté cuestionado por unanimidad, una unanimidad que no sabemos exactamente cómo ha surgido, pero que en todo caso ha sido capaz de formar un juicio sobre lo malo que es ser bolivariano o, ser como Pérez, un insurgente.

Conocemos que Trump ha creado un nuevo eje del mal, liderado por Venezuela, Irán y Corea del Norte; para el limitado hombre color zanahoria el gran mal de Maduro consiste en haber creado una dictadura socialista, las de derecha, para Trump, son inocuas, incluso democráticas: Arabia Saudita o Filipinas son buenos ejemplos.

Esa unanimidad se ha encargado de reproducir mundialmente, una y otra vez, el mismo balance hacia el chavismo: el socialismo del siglo xxi no funciona, es una fábrica de delincuentes, no es estético, no es creíble, ni inteligente, ni héroe y, además es un enemigo social; por ello la conclusión es simple: si no se puede transformar hay que encarcelarlo o, destruirlo.

Esa era la meta de Pérez y, ese era el precio, el único ya establecido por la clase política antibolivariana, lo que llamaría Chávez, la “casta” mundial (subrayado propio), no obstante, no es exactamente el mismo precio que se le impuso a Pérez, aunque todavía no haya aparecido su cuerpo.

Esta respuesta policial de Maduro no parece haber sido percibida como un síntoma de su fuerza o solidez política; más bien se antoja a una de esas líneas frágiles de un sistema que sobrevive a duras penas con este tipo de acciones, una contradicción fundamental a lo que los chavistas denominan revolución pacífica y una puesta sobre la mesa bolivariana del si no estás conmigo estás contra la libertad.

José Antonio Medina Ibáñez.

participa@latinpress.es

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Maduro: Los pensionistas venezolanos en España no cobran por culpa del petróleo.

In Uncategorized on 20 de noviembre de 2017 at 10:27

La segunda entrevista del periodista español Jordi Évole, al presidente venezolano, Nicolás Maduro, no aportó nada nuevo, salvo las huidas hacia adelante del líder bolivariano.

Tomándose a risas cada pregunta el presidente impidió toda posibilidad de éxito para el periodista de la sexta.

Maduro habló de las colas venezolanas en pretérito, dijo que en 2015 había habido escasez y muchas colas, olvidando deliberadamente las que ayer mismo se daban en su país y que han producido la pérdida de peso del venezolano, según la encuesta de Encuesta Nacional de Condiciones de Vida Venezuela 2016, de 8.7Kg por la falta de una mejor alimentación.

Évole intentó acorralar al presidente pero fracasó reiteradamente, no lo logró ni cuando preguntó sobre la existencia de dos parlamentos: la Asamblea Nacional y la Asamblea Nacional Constituyente.

Maduro le respondió que ese tema ya se lo ha explicado a grandes líderes del mundo, respondiendo que lo hizo apoyándose en los artículos 347; 348 y 349 de la Constitución de Venezuela; sin capacidad de respuesta por parte del entrevistador, el presidente añadió que la Constituyente trajo la paz a Venezuela, refiriéndose al fin de las manifestaciones, no a la alta inseguridad ciudadana.

Maduro avaló a la Constituyente porque tuvo el respaldo de la diversidad social, citando a las comunas, campesinos, pensionados…un total de 8 millones de personas, “resbalándole” el resto; porque – como dijo – lo importante es ganar las elecciones, restando toda importancia a su imagen.

Se autocatalogó como un combatiente de la palabra para defender sus ataques verbales a Trump, Macri o Rajoy. Aprovechando para decir que Putin es un líder de la paz y un hombre extraordinario. Pará el presidente la diversidad social, así lo dijo, estaba formada por quienes le apoyaron.

Negó que se haya financiado a Podemos, y dejó toda la polémica existente en España al miedo al cambio que el mundo bolivariano ha traído y que el 15M español supone para el reino de los borbones.

Sin ningún atisbo de autocrítica y con una sonrisa constante que desdibujaba una personalidad que llegaba a desconsiderar al periodista español, negó el control de los medios de comunicación, argumentando que el 80% de ellos son privados (Tv, radio y prensa).

Se burló de la oposición y respondió – riéndose – a Évole que no tenían un espacio en las emisoras públicas porque no tenían un líder que se lo mereciera.

Apuntó también que no hay censura y que existe plena libertad de expresión y, que los medios que se han cerrado son porque promueven la violencia en las calles.

Acerca de los pensionistas venezolanos que viven en España (+ de 9 mil) y que no han cobrado sus pensiones desde hace casi dos años, cargó la culpa a los precios del  petróleo porque cayeron, esperando que todo se solucione en diciembre cuando se reconfigure el presupuesto; tampoco hubo ninguna reacción periodística.

Évole sí pudo sacar un compromiso del líder bolivariano: el llevar a la Asamblea Nacional Constituyente el reconocimiento de los homosexuales para que contraigan matrimonio, aunque matizó que él es un hombre hecho de la verdad.

Sobre el que hubiese hablado con un pajarito, Maduro lo único que lamentó fue no haberlo “hecho mejor”, dejando que Évole entendiera lo que quisiera, desde no haberlo dicho hasta de perfeccionar la conversación con los animales, incluidas las vacas a quienes quería hacerlas diputadas en la Constituyente.

 

In Uncategorized on 16 de septiembre de 2017 at 9:43

Si no, me convierto en dictador.

El estar haciendo  cosas que no ha podido hacer, el entregarse a su obra aunque sea un delirio y, el pasar a la acción aunque nada tenga que ver con la realidad, es posible que hayan incitado al presidente venezolano Nicolás Maduro al extremo pensamiento de que en todos lados siempre hay una parte buena y una mala. Un sencillo razonamiento que concluiría en la existencia del dictador bueno y el dictador malo.

Pero para el líder bolivariano el reconocimiento de lo bueno sólo es posible con la plena cohesión social y, con ella con la ausencia de crítica en torno al socialismo del siglo xxi.

La existencia de dictadores buenos y malos apareció de repente cuando Maduro evocó esa figura para encarnarla; pero también es probable que estuviera recordando el febrero de 1992 cuando Hugo Chávez dirigió el golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez y fracasó.

Olvida Maduro que tras ese fracaso y después de encarcelado durante 2 años, el extinto presidente fue indultado en 1994 por el también fallecido y su enemigo, el presidente democratacristiano Rafael Caldera.

El presidente Maduro quiere hacer cosas y para ello declaró estar harto de no tener la suficiente libertad  para hacerlas. Paradójico que quien se queja de esa falta de derecho, quiera reprimirlo.

Los caminos del proceso venezolano indican que esta última declaración presidencial no debe tomarse como un farol, las figuras dictatoriales de Fidel Castro (1959) o, la del venezolano Marcos Pérez Jiménez (1948) a quien Chávez consideraba el mejor presidente que ha tenido Venezuela, obligan a pensar que Maduro puede haber venido recapacitando la posibilidad de imitar al dictador peruano Alberto Fujimori (1992).

Nadie desconoce los muros y trampas hacia los disidentes del sistema norteamericano, es ingenuo pensar que la gente no tiene esa información de tanques y aviones invadiendo a Panamá cuando estaba el dictador Manuel Antonio Noriega (1983), Irak o a Libia. Como en aquellos momentos, ahora también resulta que los intereses estadounidenses y los de Maduro tienen caminos distintos.

Que el heredero de Chávez quiera instaurar lo que quería Juan Domingo Perón en 1943: “Trabajo y Obediencia”, dejaría en pura palabrería los discursos dados durante años por el bolivarismo y, haría añicos la tesis de su principal arquetipo, Bolívar, cuando ante el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819, decía: “La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía… No aspiremos a lo imposible, no sea que por elevarnos sobre la región de la libertad, descendamos a la región de la tiranía…Teorías abstractas son las que producen la perniciosa idea de una libertad ilimitada”.

O cuando en 1826 le escribía al presidente del Senado de Colombia: “La Constitución no quiere que un ciudadano rija la nación por más de ocho años; ya la he mandado catorce en medio de la guerra y la revolución; entre las leyes y la dictadura. Mi horrible profesión militar me ha obligado a formarme una conciencia de soldado, un brazo fuerte que no puede manejar el Bastón sino la espada. El hábito de la guerra,…me han puesto fuera del mando civil. Lo digo con rubor, más debo confesarlo”.

Con la reflexión del presidente Maduro, el mensaje entre líneas ha sido claro: el tiempo transcurrido en el poder ha sido demasiado para los logros alcanzados. Olvidándose de un plumazo de la autocrítica.

Si el socialismo del siglo xxi en 17 años ha realizado expropiaciones, nacionalizaciones, encarcelado a los enemigos, regalado petróleo, construido viviendas, universalizado la sanidad y dado educación reglada gratuita a millones de personas, algo más que la guerra del imperio ha debido pasar.

Cuba nunca ha tenido el músculo económico venezolano y en 58 años de crisis no ha hecho falta que saliera Fidel o Raúl a decir que si no les dejaban el camino libre se convertirían en dictadores, lo fueron desde el principio. Probablemente ese germen lo lleva Maduro, o tal vez no tiene el aguante de esos 58 años.

Sea blanca, gris o negra, la declaración de Maduro, su insensatez esconde el riesgo de lanzar al venezolano a los brazos de la orfandad, al caos o al mejor postor extranjero.

Sin embargo cabe otra última alternativa en el pensamiento del presidente venezolano, en su mundo de sombras y luces, puede estar convencido de que, como Chávez, encarna la última posibilidad de alcanzar lo que creía Bolívar: “El  sistema de gobierno más perfecto…aquel que produce la mayor suma de felicidad posible”.